Evitar contratiempos y lesiones durante el recorrido
• La moderación en el esfuerzo y la adaptación a la distancia son claves para no abandonar antes de tiempo.
• Contra la radiación solar, conviene llevar una visera o un gorro que cubra toda la cabeza, vestir colores claros y aplicar crema protección en todas las zonas expuestas de la piel.
• El niño de más corta edad debe ser quien marque el ritmo de la etapa, nunca el adulto.
• Los jóvenes aventureros son más propensos a sufrir golpes de calor. Con altas temperaturas no deben caminar en las horas centrales del día. Además, hay que tener un especial cuidado con los pequeños que tomen medicamentos, especialmente antihistamínicos contra las alergias, porque disminuyen la sudoración y
aumentan aún más el riesgo de padecer la temida insolación. Un dolor de cabeza, piel seca, cierta debilidad, mareos o calambres son algunos de sus síntomas. Conviene hidratarse con agua y fruta y no abusar de las bebidas isotónicas.
• En el Camino de Santiago se cuida poco la alimentación saludable y esto tiene efectos negativos ya que el exceso de alimentos grasos y azucarados ralentizan la recuperación del esfuerzo y pueden agravar las lesiones.
• Después de cada etapa, hay que darse una ducha con agua fría para activar la circulación. Llegar muy cansado no favorece el sueño: se necesita energía para descansar bien.